Por fin termine una serie fotográfica que me traía obsesionada, el tema es un edificio que se encuentra en Donceles 39 Centro Histórico de la Ciudad de México, justo frente al Teatro de la Ciudad; este lugar albergaba un hospital para mujeres dementes. A simple vista no llama para nada la atención sobre todo por estar en un contexto tan ruidoso pero al atender un poco los detalles saltan a la vista los relieves de las puertas, que hacen alusión al estado mental de las pacientes.
Más allá de la arquitectura, que es bastante sencilla por ser franciscana, es fascinante, por lo menos para una mente retorcida como la mía, por el tema de la LOCURA que a la vez que miedo me causa atractivo, seguramente por la literatura que frecuento desde niña. Bueno para acompañar estas imágenes dejo unos fragmentos de 2 de mis cuentos favoritos sobre este tema, ojalá puedan leerlos completos sus autores son garantía.
"...¡Sí...! ¡Un loco! ¡Cómo sobrecogía mi corazón esa palabra hace años! ¡Cómo habría despertado el terror que solía sobrevenirme a veces, enviando la sangre silbante y hormigueante por mis venas, hasta que el rocío frío del miedo aparecía en gruesas gotas sobre mi piel y las rodillas se entrechocaban por el espanto! Y, sin embargo, ahora me agrada. Es un hermoso nombre. Muéstrenme al monarca cuyo ceño colérico haya sido temido alguna vez más que el brillo de la mirada de un loco... cuyas cuerdas y hachas fueran la mitad de seguras que el apretón de un loco. ¡Ja, ja! ¡Es algo grande estar loco! Ser contemplado como un león salvaje a través de los barrotes de hierro... rechinar los dientes y aullar, durante la noche larga y tranquila, con el sonido alegre de una cadena, pesada... y rodar y retorcerse entre la paja extasiado por tan valerosa música. ¡Un hurra por el manicomio! ¡Ay, es un lugar excelente!..."El Sistema del Doctor Tarr y el Profesor Fether [Edgar Allan Poe]
"...En el otoño de 18..., mientras viajaba por las provincias meridionales de Francia, mi camino me condujo a pocas millas de cierta Maison de Santé, o manicomio privado, del cual mucho había oído hablar a mis amigos médicos en París. Dado que jamás había visitado un establecimiento de esa clase, me pareció que no debía perder tan excelente oportunidad, y propuse a mi compañero de viaje (caballero con el cual me había relacionado casualmente pocos días antes) que nos desviáramos de la ruta por una o dos horas, a fin de visitar el hospicio. Mi amigo se opuso, arguyendo en primer término estar de prisa, y luego un comprensible horror a la vista de un lunático. Me rogó, empero, que la cortesía no impidiera la satisfacción de mi curiosidad, agregando que cabalgaría despacio a fin de darme ocasión de alcanzarlo ese mismo día o, a más tardar, al siguiente..."


